Tiene gracia. Mientras unos nos apañamos la noche del sábado con unos cuantos euros de nada en el bolsillo, otros cuentan con un presupuesto que ni el de "Fernando Alonso" para gasolina.
Esto sobre todo se nota en los días que toca cenita, que puede ser o no con una "churri mona". Eso ya la mala suerte de cada uno (jurjur).
Ellos, (a los pudientes me refiero) pueden irse a cualquier sitio “guay” cenar de puta madre y todavía les sobra para un regalito para ella como puede ser una humilde joya el anillo de “Frodo” por decirte un ejemplo que no iría nada mal. Nosotros, los condenados mortales, tendremos que hacer uso de todas nuestras estrategias administrativas aprendidas de “Telefónica” (obtener mucho a cambio de una mierda). Existe el viejo truco de llevarte a tu acompañante a “Kinepolis” los mejores cines de esta estrellada ciudad llamada Madrid. Lo de estrellada no se bien si es por la bandera o por como está las calles, que parece que han jugado a pelota vasca con Madrid.
En “Kinepolis” disponemos de un amplio menú para cenar. Nachos con tomate, nachos sin tomate, nachos con queso, nachos sin queso, una innovadora receta de nachos con tomate y queso, con jalapeños…. Por el módico precio de 7 euros, cenáis los dos. Lo malo es que cuando te termines la bandeja de nachos, tu ojete estará chillando como un heavy melenudo en la noche de “Halloween”.
Hombre si hay confianza, también puedes usar eso de salir pronto de bares y ya, como estas en plan juerga, intentas colarle eso de “pillar” algo por ahí. Pero eso si, no se te ocurra comprar algo en un bazar chino de estos que siguen abiertos incluso cuando el “Xanadu” esta cerrado. En serio no cierran nunca. Ni para hacer reformas. En una ocasión, entre en el chino que había cerca de mi casa de “Moncloa” para comprar un litro de cerveza y para mi asombro, mientras el chino se cobraba mi litro, una niña de no más de 11 años, estaba pintando la pared de detrás del mostrador con un rodillo.
Claro que para asombros sobre chinos… No ha sido el único. No hace mucho tiempo, hablaba con un chaval de cuyo nombre no quiero acordarme, sobre un acontecimiento que el, “dice”, presenció en uno de estos elegantes establecimientos.
La historia empezó con tres buenos navajazos en el abdomen del comerciante de importación. Toda buena película tiene que empezar fuerte. Además, el arma del delito, crecía en longitud a una velocidad pasmosa. Si es que estos chinos inventan de todo. Resulta, que por no se que disputa, le pinchan al chino repetidas veces, y este, como no tiene papeles (que no es que sea ilegal, que es porque con este horario tan extenso, no ha podido ir a regularizarlos) dice que no puede ir al hospital. Bueno pues resulta, que un comerciante vecino, este si que era autóctono, apareció espontáneamente en el bazar ofreciéndole su ayuda. Le dijo que si era necesario le pagaba la asistencia sanitaria. Mientras la sangre del individuo ya llegaba hasta el estante de las galletitas saladas por lo menos.
Pero lo mejor de esta emocionante trama fue el desenlace. Resulta que en un inesperado giro de guión, el chino si que tenía papeles. Este dato estaba firmemente documentado porque los papeles se los había hecho “la madre del narrador” que trabajaba por aquella época en “el ministerio de inmigración”. Espero que no haya ningún error de redacción porque me estoy partiendo de risa mientras escribo estas líneas. Esta historia es digna de “Tarantino”. No se quién era más tonto de los dos, si él por tomarme por gilipollas o yo por no ver venir a semejante elemento.
Esto sobre todo se nota en los días que toca cenita, que puede ser o no con una "churri mona". Eso ya la mala suerte de cada uno (jurjur).
Ellos, (a los pudientes me refiero) pueden irse a cualquier sitio “guay” cenar de puta madre y todavía les sobra para un regalito para ella como puede ser una humilde joya el anillo de “Frodo” por decirte un ejemplo que no iría nada mal. Nosotros, los condenados mortales, tendremos que hacer uso de todas nuestras estrategias administrativas aprendidas de “Telefónica” (obtener mucho a cambio de una mierda). Existe el viejo truco de llevarte a tu acompañante a “Kinepolis” los mejores cines de esta estrellada ciudad llamada Madrid. Lo de estrellada no se bien si es por la bandera o por como está las calles, que parece que han jugado a pelota vasca con Madrid.
En “Kinepolis” disponemos de un amplio menú para cenar. Nachos con tomate, nachos sin tomate, nachos con queso, nachos sin queso, una innovadora receta de nachos con tomate y queso, con jalapeños…. Por el módico precio de 7 euros, cenáis los dos. Lo malo es que cuando te termines la bandeja de nachos, tu ojete estará chillando como un heavy melenudo en la noche de “Halloween”.
Hombre si hay confianza, también puedes usar eso de salir pronto de bares y ya, como estas en plan juerga, intentas colarle eso de “pillar” algo por ahí. Pero eso si, no se te ocurra comprar algo en un bazar chino de estos que siguen abiertos incluso cuando el “Xanadu” esta cerrado. En serio no cierran nunca. Ni para hacer reformas. En una ocasión, entre en el chino que había cerca de mi casa de “Moncloa” para comprar un litro de cerveza y para mi asombro, mientras el chino se cobraba mi litro, una niña de no más de 11 años, estaba pintando la pared de detrás del mostrador con un rodillo.
Claro que para asombros sobre chinos… No ha sido el único. No hace mucho tiempo, hablaba con un chaval de cuyo nombre no quiero acordarme, sobre un acontecimiento que el, “dice”, presenció en uno de estos elegantes establecimientos.
La historia empezó con tres buenos navajazos en el abdomen del comerciante de importación. Toda buena película tiene que empezar fuerte. Además, el arma del delito, crecía en longitud a una velocidad pasmosa. Si es que estos chinos inventan de todo. Resulta, que por no se que disputa, le pinchan al chino repetidas veces, y este, como no tiene papeles (que no es que sea ilegal, que es porque con este horario tan extenso, no ha podido ir a regularizarlos) dice que no puede ir al hospital. Bueno pues resulta, que un comerciante vecino, este si que era autóctono, apareció espontáneamente en el bazar ofreciéndole su ayuda. Le dijo que si era necesario le pagaba la asistencia sanitaria. Mientras la sangre del individuo ya llegaba hasta el estante de las galletitas saladas por lo menos.
Pero lo mejor de esta emocionante trama fue el desenlace. Resulta que en un inesperado giro de guión, el chino si que tenía papeles. Este dato estaba firmemente documentado porque los papeles se los había hecho “la madre del narrador” que trabajaba por aquella época en “el ministerio de inmigración”. Espero que no haya ningún error de redacción porque me estoy partiendo de risa mientras escribo estas líneas. Esta historia es digna de “Tarantino”. No se quién era más tonto de los dos, si él por tomarme por gilipollas o yo por no ver venir a semejante elemento.
dedicado a mis amigos de Alcalá que estuvieron ese jueves conmigo en “El Garaje Sónico”.

